volvemos al catecismo

Estos días se va a discutir en el parlamento la LOMCE (Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa), aprobada en el consejo de ministros del 17 de mayo, ley que en realidad lo que propone es una modificación parcial de la actual LOE.

Como ya hemos manifestado muchos colectivos del profesorado, de madres y padres y del alumnado, ésta es una ley injusta y retrógrada.

Es una ley que pretende:

1- Acabar con el derecho a la educación de las ciudadanas y ciudadanos, y poner el sistema educativo al servicio exclusivo de la economía de mercado. Ya no se trata de formar personas sino de buscar el rendimiento económico y la «necesaria adaptación a los requerimientos de los sectores productivos»

2- Fomentar aún más las desigualdades sociales. Al crear itinerarios diferenciados a edades muy tempranas, está orientando el rumbo del alumnado hacia el bachillerato o la formación profesional. Por otra parte aumentan los niveles de privatización de la enseñanza mediante la extensión de la formula de la concertación, acabando con la red pública, red que terminará siendo subsidiaria para los sectores menos favorecidos de la sociedad.

3- Fomentar el sexismo. Apoyando y financiando a los centros que dan una educación separada y diferenciada por sexos y eliminando del currículo cualquier mención a la coeducación, a la educación no sexista, o al necesario conocimiento y respeto de la Declaración Universal de los derechos Humanos.

4- Aumentar la centralización de la enseñanza. Invade competencias propias de las autonomías y limita los derechos de las personas que utilizan lenguas minoritarias.

Pero sobre todo es una ley hecha por la Iglesia y para complacer a la Iglesia.

La religión pasará a ser una asignatura que no solamente se impartirá dentro del horario lectivo sino que será evaluable a nivel académico lo mismo que otras materias (como la lengua y las matemáticas). Por tanto contará para la nota media o el expediente acádamecico, elementos determinantes para cuestiones como, por ejemplo, solicitar una beca.

El impartir las clases de religión en la escuela supone la segregación del alumnado en función de las creencias de sus madres ypadres y atenta gravemente al derecho de libertad de conciencia. Así mismo se permitirá la presencia de simbología religiosa dentro del aula.

La mayor privatización de la enseñanza potencia el negocio económico de la Iglesia, pues una mayoría importante de los colegios concertados pertenecen a esta institución.

El modelo vasco triunfa y se exporta. El profesorado de religión (designado por el obispo) aquí ya gozaba de una situación privilegiada desde el acuerdo laboral del 2009, que les consideraba personal laboral y les permitía completar su horario con otras asignaturas. Siguiendo esa línea la ley Wert les considera personal laboral y pueden ser designados por la administración de los centros, mientras que por otra parte se toman medidas para debilitar la comunidad educativa en el funcionamiento del centro.

Laikotasuna- Colectivo por la laicidad, quiere una vez más posicionarse en aquellos aspectos que consideramos elementales a respetar en una sociedad laica.

1- La religión, en sus formas confesionales, debe salir del currículo y del ámbito escolar.

2- La simbología religiosa pertenece al ámbito de lo personal. No puede admitirse en instituciones públicas (la escuela pública) su presencia.

3- El dinero público debe destinarse a sostener la red pública de enseñanza, y de ninguna manera a financiar el adoctrinamiento religioso.

Por todo ello exigimos la retirada de la llamada Ley Wert, así como la derogación de los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede de 1979.